CALOI

El padre que juntó a tuyos y nuestros

Montó, más que una casa, una usina de talentos múltiples en Barracas. Allí Vivian -y trabajan- los hijos propios y los de su mujer.

Muchos, muchos, muchos. Ellos son muchos.
-Tres...bah, no, porque están Tute, de 26; Tomás, de 23; Aldana, de 22, más dos más de mi mujer, que son Juana, de 16, y Tobías de 18...Sí, sí...somos un batallón.
Dice Caloi, dibujante de profesión, enumerando tremenda prole con la que convive en este edificio -muchas ventanas, muebles de maderas claras, bibliotecas con videos y libros hasta el techo- que les pertenecen a él y a su familia. En los departamentos monoambientes de la planta baja viven los chicos más grandes. En el piso del medio él, su mujer, María, y los chicos más chicos. Arriba, los chicos grandes, los chicos chicos y los grandes grandes han montado los estudios. En plural.
-Esto es como una usina de distintas disciplinas artísticas, porque María es dibujante, pintora, además de la directora y productora general de Caloi en su tinta, el programa que hacemos en Canal 7. Tomás se dedica al rock y es técnico de sonido, Aldana ahora está en Humahuaca enseñando arte en una escuela y se dedica a la fotografía y el video, Juana es muy buena en baile y Tobías se está dedicando a una carrera que tiene que ver con el diseño. Todos, además, han trabajado o trabajan en el programa de televisión. De modo que... es una usina.
Una enorme familia de siete. Los míos, los tuyos y los nuestros, unidos en dulcísimo batallón y bajo el mismo techo. Que es, por cierto, un techo enorme. Un techo que alberga ascensor y piscina frente al Parque Lezama, todo ideado por Caloi y compañía hace cuatro años con el único fin de estar más cerca.
-Esto de vivir juntos es una necesidad que yo tenía de recuperar a los chicos, porque cuando uno se divorcia se pierde el estar cerca de ellos.
Hace diez años, cuando se divorció, la ausencia de los chicos le pesó como plomo. Por eso ahora, mientras algunos todavía no terminan la secundaria, otros no empiezan la Facultad y otros pelean por un casillero propio en la parcela ínfima de San Mercado Laboral, Caloi aprovecha y disfruta del conventillo que se ha montado para gusto de todos.
-Cenamos juntos siempre, salvo que alguno tenga un programa distinto. Y las sobremesas son lugares de profundo intercambio. Son casi religiosas. Hay un intercambio muy grande entre los más chicos y los más grandes, y eso es muy rico. Tute y Tobías van a jugar al fútbol juntos, y han formado un grupo de estudio de filosofía con otros amigos. En nuestra familia se registran algunos cambios que se están produciendo en las familias en general. Me gusta mucho este tipo de familia, que tiene para mí rasgos muy particulares, donde yo no veo ataduras a formas muy severas.
En esta familia, jura Caloi, cada uno ha resultado lo que ha podido. Tomás, pegado a los parlantes desde chiquito y ahora todo un técnico de sonido, no heredó el oído de piedra de su padre, y Tute se quedó para él toda la herencia de la tinta y la línea fina. Para ahondar la paradoja, mientras su padre publica desde hace décadas en la revista dominical de Clarín, Tute comenzó a publicar sus dibujos de manera regular en la Revista de La Nación.
-Él dibujaba de manera natural desde siempre, pero yo jamás le planteé que me hubiera gustado que fuera dibujante, sino que él lo ha tomado solo.
-Nunca sintió celos de él?
-Ah, no, al contrario. No, no. Él tiene una fuerte influencia mía, que se la tendrá que ir sacando de encima. Eso como costado negativo. Como costado positivo, él ha entendido fácilmente cuáles son los mecanismos del humor.
Entonces ahora los dibujitos de Caloi bajan un piso a buscar la opinión de Tute, y los colores de Tute suben un piso para buscar la opinión de Caloi. Los dos andan ahí, admirándose mutuamente.
-Yo no puedo decir que he sido un buen padre, pero sentí una importancia especial como padre a partir de la adolescencia de los chicos. El momento en que los pibes empiezan a romper el cascarón y uno funciona como facilitador del contacto con el mundo. Seguramente podrían echarme en cara de todo, claro. Ja. A mí siempre me da culpa todo. De todos modos, no puedo decir que los chicos no hayan tenido padre. Al contrario, pero no quiere decir que uno tenga que procurárselo. Hay que darles las herramientas para que puedan llegar por ellos mismos. Darles todo hecho no es la solución. Es difícil, claro. Porque la tendencia de uno es darlo todo. Darles todo lo que tenés.

L.G.