Palabras de Santana

Escribir sobre Caloi, es evocar a ese gran artista que a través de su humor gráfico, se ha convertido en un verdadero símbolo de nuestra realidad argentina. Clemente y la Mulatona -esos singulares personajes míticos creados por el artista- hace mucho tiempo han cobrado existencia y ya son parte de nuestra vida cotidiana comentando, criticando o dirimiendo -con sus particulares anatomías- los más candentes problemas políticos, sociales y de otros órdenes de nuestro diario vivir.
¿Por dónde empezar con los Caloidoscopios, esos sueños o pesadillas donde lo real empírico es constantemente burlado y los lugares comunes estallan en una verdadera fiesta de la imaginación?
Imágenes que desatan palabras, palabras que desatan imágenes en un vértigo indescriptible: esta dialéctica incesante compone un horizonte lleno de incandescencias que desafía con su potente autonomía verbal y gráfica las leyes de la gravedad y de la lógica, nos traslada a una región de inspirados desplazamientos metafóricos donde el mundo y sus infinitos aconteceres, aparece como una cita que nos arranca desde una estridente carcajada hasta una sutil sonrisa.
Viendo las obras de Caloi, comprendemos que la poesía no es sólo cuestión de palabras: como algo indefinible, habita los lugares más imponderables; y si Caloi nos enfrenta a una brillante e inusitada utilización de la lengua, que se hace rea, poética, académica, banal o filosófica, su constante reinvención de la figura humana, paisajes urbanos y rurales, demuestran una penetración que nos habla de la máxima clave del dibujo: la observación; una observación que patentiza lo visible y lo invisible en ciclos de invenciones, metamorfosis y transfiguraciones que nos inician en un viaje donde dioses y gauchos, vecinas y ciudadanos, naturaleza y cultura, componen ese gigantesco fresco que agranda y hace más habitable la casa del ser.
Pero el humor de Caloi no se basa en la desgracia ajena, ni es denostativo, ni hace demagogia; tampoco se trata de la risa de los dioses que como decían los griegos "se burlan de nosotros los humanos".
Como aquellos maestros del budismo zen, el humor del artista provoca constantes iluminaciones, haciendo comparecer los más extraordinarios recursos que, convocan, mezclan y desarman códigos, hábitos y tics, para vaciarnos con sus instantáneos relámpagos.
Estas magníficas páginas que -como dice la sabiduría popular de las páginas de los periódicos- se las lleva el viento, componen un asombroso imaginario que anudando las más extrañas ocurrencias se han erigido como verdaderas obras de arte y merecen una atención más que esporádica. A veces cándido como un niño, a veces grave como un erudito, el humor gráfico de Caloi, difícil de conceptualizar, evanescente, nos llega a la cabeza y al corazón, y movilizando lo consciente y lo inconsciente, nos sumerge en las más dispares regiones; se trata siempre de una profunda celebración del hombre, homenajeado con fraterna simpatía humana.

Raúl Santana
Marzo 1999