Reportaje: YO, CALOI

Un juego de salón: el "cuestionario Proust" (ver cuestionario), así llamado después de que Proust lo respondiera. De puño y letra, antes de la entrevista, en él revela Caloi parte de su verdad.

Carlos Loiseau se considera a sí mismo un muchacho de barrio "transparente; a pesar de ser negro, soy transparente". Es autor de la popularísima tira Clemente, que se publica todos los días en el diario Clarín, y de otras páginas de humor bastante sofisticado, a veces metafísico, que aparecen en la revista dominical del mismo diario.
Su personaje mayor, Clemente, es posiblemente el único caso de una historieta que triunfó al ser trasladada a la televisión, a diferencia de otras tiras igualmente exitosas como Mafalda o el Loco Chávez. Esto sucedió en 1982 por primera vez, y de nuevo este año, hace unos meses. Y también es, posiblemente, el único caso de un personaje de historieta que se convirtió en una especie de emblema nacional durante el Mundial de Fútbol que se celebró en la Argentina.
Caloi tiene su tablero de dibujo instalado frente a una inmensa ventana que, desde un piso alto, parece devorarse el tránsito endemoniado de Paseo Colón. Trabaja rodeado de libros de consulta, diccionarios que lucen un uso milenario, tesoros del humor dedicados por colegas, y la campanilla del teléfono que nunca deja de sonar. Es un hombre de treinta y ocho años, con la sonrisa fácil y la mirada penetrante típica de Escorpio. Dibuja desde chico, desde siempre, desde que pudo alzar un lápiz, "sólo que en un momento me hice profesional".

Sobre su tablero, entre otros, está el libro de Linda Goodman sobre los signos del zodíaco y el amor.

-¿Le interesa la astrología?
-No especialmente. Tengo ese libro ahí porque últimamente Clemente estuvo consultando a un astrólogo. Va al astrólogo así como antes lo mandé al psicoanalista. Es esa época hice una serie de Clementes que eran la representación del Yo, del Ello, del Superyó (un Clemente que volaba). Después agregué otro como el Qué Sé Yo y el Alter Ego, que era un griego: un Clemente que hablaba en griego y en latín. Yo conocía la terminología del psicoanálisis porque estuve casado con una psicóloga, aunque en realidad conocía la música y no sabía muy bien qué quería decir. Pero consulté con mis amigos psicólogos porque no quería hacer una cosa demasiado ligera, sin sentido, del tipo de las que se hacen por televisión.
-Se bromea mucho con el psicoanálisis.
-Para los humoristas, el psicoanálisis vino a reemplazar al náufrago en la isla, esa situación límite que produce infinidad de chistes. La versión moderna del náufrago en la isla es un tipo acostado en un diván y otro sentado atrás. Es una situación dramática que siempre permite algún desarrollo. Cuando a mí no se me ocurre nada, hago a un psicoanalista con un paciente en el diván. Como le decía, con el mismo criterio del psicoanálisis, luego mandé a Clemente al astrólogo, y para eso lo que hago es documentarme un poco. Tengo un asesor, un primo mío que entiende de esto; él hizo la carta astral de Clemente.
-¿De qué signo es Clemente?
-De Piscis, nació el 13 de marzo de 1973. En realidad, la tira empezó el 12 de marzo, pero en ese entonces el personaje principal era otro, que se llamaba Bartolo. Clemente apareció por primera vez al día siguiente. La hora de nacimiento la calculamos por la hora de aparición del diario, es decir que tiene ascendente en Acuario. El personaje estaba creado desde hacía tres meses, pero ese tiempo lo consideramos como la época de gestación.
-¿Qué dice la carta?
-Cosas interesantísimas. Por ejemplo, que tiene dificultades, inhibiciones en los brazos. Como usted sabe, Clemente no tiene brazos. Tiene la paternidad en Escorpio, y yo soy escorpiano. Ninguna referencia en la casa 4 que, según parece, es la casa de la infancia. Y claro, Clemente no tuvo infancia. Yo nunca me había interesado demasiado en la astrología, pero después de esto, la verdad, me rindo. Reconozco que algunas de estas cosas me resultan asombrosas.
-Además de la adhesión simple de los lectores, Clemente ha merecido análisis de alta complejidad estructuralista, como el que se publicó en el suplemento cultural de un diario, firmado por las iniciales J.S.
-Juan Sasturain, sí, e hizo más que eso. Él es un especialista en historietas, a tal punto que en una época organizó un curso sobre Clemente, y tenía alumnos. Cuando terminó el primer año -se pasaron un año estudiando Clemente- me invitó a la última clase. Habían llegado a la tira 380, más o menos, cuando ya iba por la número 2000. Fue toda una experiencia. Los alumnos me decían: "En la tira número 17, en el tercer cuadrito, Clemente dice tal cosa". Y yo no tenía la menor idea de lo que estaban hablando, todo era tan serio.
-Cuando se publica algo, ya deja de pertenecerle al autor.
-Sí. Uno no tiene conciencia del uso ulterior que se le va a dar a su trabajo. Me acuerdo que una vez, durante la época de los militares, yo hice una tira cargando a los cantores de protesta. Después, esta tira apareció reproducida en unos afiches que se hicieron en contra de Mercedes Sosa, acusándola de comunista y no sé qué más. Le habían sacado el número y la firma, pero usaron mi tira. Lo mismo que una vez, en un operativo guerrillero -creo que fue en La Plata- en lugar de firmarlo, dejaron una página de Quino. Un chiste de ajedrez, donde las blancas decían algo así como: "Las blancas somos más fuertes y damos mate cuando queremos", no me acuerdo con exactitud. Hay una utilización infinita de lo que uno hace bastante ligeramente. En mi caso se dio con el tema de los papelitos en el Mundial de Fútbol, que se salió de la tira para convertirse en una bandera de los hinchas.
-¿Cómo fue eso?
-Tiene que ver, bueno, siempre tiene que ver, pero acá especialmente, con la situación política y social de ese momento. Año '78, época de desapariciones, pleno auge de la dictadura, y con un Mundial que va a organizar la Argentina, con lo que se supone que el fútbol va a movilizar a toda la sociedad. Desde un tiempo antes, una campaña muy agresiva por televisión, aconsejaba a los hinchas no empujar a los turistas, a los taxistas no cobrar de más, en fin, cosas que hacen los ladrones o inadaptados en todas partes del mundo. Y sumado a esta campaña, Muñoz, el relator de fútbol, decía que no había que tirar papelitos porque los papelitos ensuciaban. Y yo me decía ¿dónde está la gente? Porque el fútbol no son sólo los jugadores, es todo, es el marco, los cantitos, y también el botellazo, es cierto. Es la participación activa y creativa de la hinchada, que tiene como rasgo distintivo el tirar papelitos cuando sale su equipo. Esa es una emoción muy grande, es como el aplauso, es más que el aplauso. Entonces empecé con Clemente una campaña que decía que había que tirar papelitos. Era la oportunidad de la hinchada de decir "presente".
-¿Ya había empezado el Mundial?
-No, todavía no. Pero la gente tomó esto fantásticamente, al punto que cuando empezó el campeonato, había vallas que ponía la Policía para controlar la entrada, y les sacaban a la gente los diarios, que son los futuros papelitos. Yo he visto montañas de diarios requisados. Y sin embargo en la cancha aparecían papelitos por todos lados. Quiere decir que había contrabando de diarios, la gente los escondía entre sus ropas para después picarlos y tirarlos.
-¿Cómo fue el mecanismo concreto que convirtió a Clemente en el portavoz emblemático del Mundial?
-Ah, no sé. Eso es magia. Es una incorporación espontánea que hace la gente. Uno no puede proponerse eso, como no puede proponerse el éxito.
-Pero Clemente opinaba desde el tablero electrónico.
-Sí, pero eso es otra cosa. Ese tablero lo manejaba una empresa privada que no dependía del EAM sino de la FIFA; hacía publicidad de café y Coca Cola y daba la formación de los equipos. Pero ellos querían participar de la fiesta, e hicieron cosas muy ingeniosas. Por ejemplo, cuando quedó eliminado Brasil, ellos, que hacían publicidad de un café brasileño, pusieron "Calentito el café". Inclusive algunas audacias. En la final contra Holanda, cuando salió el cuadro argentino, pusieron "Argentina Campión", así, con i, como habla Clemente, lo cual era muy arriesgado porque todavía había que ganar. Lo mismo con los papelitos. Mientras los portavoces del EAM decían que si tiraban papelitos la Argentina iba a perder los puntos, Clemente desde el cartel decía "tiren papelitos, muchachos".
-Los personajes de historietas tradicionales suelen tener ciertas características de personalidad y meterse en aventuras. Clemente, lo mismo que antes Mafalda, más que aventureros parecen opinadores.
-Sí, hay algo así. Esto también tiene que ver con el país. Hasta el año '55, más la influencia que proyectó la época peronista sobre la sociedad, que puede extenderse unos diez años más, todos los personajes de historieta eran lo que yo llamo personajes cerrados. Se metían en aventuras y se relacionaban con la realidad. Pero la realidad era una cosa cerrada, chica. El mundo de la Argentina era el barrio. Todavía no habían explotado los medios de comunicación como los padecemos ahora. Las tiras que tenían éxito eran, por ejemplo, "Las Chicas de Divito", que era la moda de las chicas porteñas, o "Buenos Aires en camiseta", de Calé, que era el barrio, barrio, barrio. Porque lo importante que pasaba en la vida de los argentinos estaba en la cuadra misma. Las características del humor eran muy propias, muy nuestras. Hasta que explotan los medios de comunicación, y el mundo ya no es el barrio, ni la cuadra, ni la vecina, sino que además de todo eso uno se entera de un atentado en París o lo que hacen los chinos. ¿Usted se acuerda que Mafalda estaba muy preocupada por los chinos, porque eran muchos?, ella temía una invasión amarilla. Uno de sus ídolos era U Thant, el jefe de las Naciones Unidas. Entonces cambia un poco la mente, cambia un poco la inteligencia del humor. Mafalda es el primer personaje intelectual, en el buen sentido de la palabra, que produce la Argentina.

-A Clemente se lo acusa de machista por tener dos mujeres.
-Así es, ahí tengo colgado el mote de machista, porque Clemente tiene dos mujeres, Mimí y la Mulatona. Me parece un análisis muy primario, para el que he inventado una defensa igualmente primaria: no son dos mujeres sino dos aspectos diferentes de la misma mujer. Pero esto es entrar en la provocación que me ofrecen, porque en realidad, Clemente es un personaje, no un ser humano, y dentro del absurdo, cabe la posibilidad de que los Clementes tengan muchas mujeres, que sean como los perros, que no se casan.
-Entonces, no se considera machista.
-Al contrario: soy feminista porque me gustan mucho las mujeres. El mundo femenino me parece una cosa muy misteriosa, digna de desentrañar. Cada mujer es un mundo. Cada pareja, en consecuencia, es un universo. Y cada familia, entonces, no sé, es una galaxia.

Cecilia Absatz
Diciembre de 1986